El agua tibia

El independentismo y el socialismo sufren por igual amagos de depresión sin esperanza.
Torra chulea con la autodeterminación y Sánchez con en anticipo electoral.
Junqueras quiere una solución política a su juicio y Sánchez le hace luz de gas con el indulto parcial.
PSOE, Convergència y Esquerra quieren aprobarse los presupuestos mutuamente pero temen la rebelión de sus propias masas.
La prensa afín a Sánchez presiona a sus socios con la convocatoria para el 14 de abril, pero la fecha que tiene en mente Iván Redondo, jefe de gabinete del presidente, es el primer domingo de octubre, aunque tampoco descarta apurar hasta marzo de 2020.
Amagos de depresión en unos y otros, con más miedo que esperanza: el independentismo prefiere como carcelero a Sánchez que a Casado, pero duda de sus fuerzas para imponer el pragmatismo a sus bases.
Pedro Sánchez no tiene más valores, ni más principios, ni más idea de España que su propia supervivencia.
A izquierdistas y soberanistas les une el cinismo de los mercenarios pero también la cobardía de los políticos mediocres que, incapaces de guiar al pueblo, se convierten en sus domésticas.
Los independentistas saben que tendrán un juicio garantista, conscientes de que Marchena y el Supremo no querrán ser enmendados en las instancias europeas donde se jugará el partido de vuelta, y calculan penas de 8 años por sedición en grado de tentativa y la poca malversación que pueda demostrarse.
Esperan un indulto parcial -de la mitad de la pena- que les ponga casi inmediatamente en el tercer grado: es lo Sánchez juega a hacerles creer para cobrarse por anticipado la tramitación de los presupuestos.
Pero también conocen el escaso valor histórico que ha tenido la palabra de un socialista, y temen el dedo acusador de su propia turba, la que ellos mismos excitaron haciéndole creer que la independencia estaba a la vuelta de la esquina.
Pedro Sánchez confía en que el independentismo ceda en el último instante y en que la derecha, en su ansia, pierda los nervios y el centro y la vocación mayoritaria.
Todo juega en contra de socialistas y separatistas salvo una misma fatalidad en el horizonte que sin embargo puede inspirarles: el pacto es muy difícil y les saldrá a ambos muy caro, pero la alternativa de perder el poder (Sánchez) y el favor de una izquierda cautiva (independentistas) no sólo es mucho peor sino que puede que no tenga ningún regreso posible a la incierta, peligrosa pero por lo menos practicable agua tibia.

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