La locura del «casting» para el nuevo PP de Madrid

La expectación mediática por conocer los candidatos de Pablo Casado para las plazas de Madrid, donde la corrupción, como en Valencia, ha castigado inclemente sus siglas, ha sido mayúscula esta semana.
La espera para los aspirantes a ocuparlas, extenuante.
Después de las fricciones en torno a la cena de Navidad y las cuotas de protagonismo, reflejo del momento más tenso de esta especie de «casting», los últimos días fueron como una espera infinita, siempre con un ojo en el teléfono.
Así pasaron el viernes Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez-Almeida y Ángel Garrido, pendientes de una pantalla donde sólo anhelaban ver reflejada una identidad: Pablo Casado.
Con nervios, ilusión, esperanza, duda y también desesperación.
Los dos primeros recibieron una llamada del despacho de Presidencia de la calle Génova por la mañana; tenían que estar a las 21 horas en la sede.
Nada más.
Podía ser una señal de un buen augurio o el final de la carrera hacia el 26-M.
A Garrido le sonó el móvil un poco más tarde, justo antes de comer.
Su cita a ciegas se fijó a las 20 horas.
Antes de que el presidente de la Comunidad de Madrid, Garrido, llegara al cuartel general de los populares, el máximo dirigente del partido llamó a Díaz Ayuso para transmitirle que tenía la misión de mantener el gobierno regional.
Después, le tocó el turno al portavoz del PP en el Ayuntamiento.«Vas a ser el próximo alcalde de Madrid», le lanzó cariñosamente.
La noche acabó entre cañas de la familia popular, sin el líder presente, para celebrar la ansiada nominación.
Casado tenía varios nombres en la cabeza y dudas hasta el último momento.
Había muchos ex ministros en sus quinielas, como Isabel García Tejerina o Manuel Pizarro, o personalidades de gran trayectoria dentro de la formación como María San Gil, pero no encarnaban al nuevo PP que el actual capitán necesita para salir a navegar y reconquistar los votos.
Una nombre claro: Díaz Ayuso «Ha sido coherente con su discurso de regeneración con gente joven, ideas liberales y del centro-derecha.
Los candidatos nombrados reúnen estas características», trasladaban ayer desde la dirección nacional del PP.
Durante meses, el presidente popular se ha asesorado por mucha gente de su núcleo duro para decidirse por el tándem perfecto.
Fue Pío García Escudero, actual presidente del Senado y del PP de Madrid, el que le formuló la pócima para ganar en el centro de España.
Si hay una identidad que Casado tenía clara era la de Díaz Ayuso.
Es de su máxima confianza, pues empezó su carrera política con ella.
La indecisión planeaba sobre el camino a despejarle: la Real Casa de Correos o el Palacio de Cibeles.
Hace dos meses ordenó mover a su compañera por los medios de comunicación para ver el resultado que daba, y la cosecha fue excelente.
Su tique iba directo a Sol.
Martínez-Almeida llevaba los galones de una magnífica oposición en el Ayuntamiento, pero al látigo de Carmena le faltaba proyección mediática.
Sin embargo, en los últimos meses esta tendencia varió y en las encuestas internas crecía su popularidad tras su aparición en diferentes medios de comunicación.
La salida de Garrido, del PP de Madrid Garrido se quedó fuera por decisión del PP de Madrid.
Su caso era especial.
Dada su posición en el Ejecutivo madrileño, iba a recibir la llamada fuera cual fuera la decisión de la dirección nacional, como en el momento final de un «reality» para talentos.
Garrido acudió a Génova sin saber si la cita era por deferencia o para que le comunicaran que repetiría suerte.
El móvil del presidente sonó poco antes de comer, cuando los rumores ya estaban desatados.
Almorzó en Sol, se marchó a casa y, desde allí, puso rumbo a su futuro.
Llegó con un minutos de adelanto, cauto y con la confianza justa.
Después, la noticia ya sabida, palabras de agradecimiento y la oferta de un billete en blanco para elegir él mismo un nuevo acomodo en el partido.

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