Nadal y el misterio de Melbourne

Melbourne, radiante a orillas del Yarra, depara siempre un torneo estupendo y sorprendente, imposible pronosticar campeones a estas alturas de curso.
Se desoxidan los tenistas, unos mucho más rodados que otros en pleno enero, y el Abierto de Australia tiende siempre a presentar a una raqueta semidesconocida.
De todos modos, lo cierto es que aquí también se reparten el botín final los habituales y en 2019 el favoritismo absoluto recae sobre Novak Djokovic, desatado en el epílogo de la pasada temporada y dominador en las alturas como antes.
Falta, además, ver cómo responden los enemigos habituales y el circuito se pregunta estos días, inevitablemente, por Rafael Nadal, que lleva una barbaridad sin competir en un torneo oficial, exactamente desde que se retiró del US Open.
Y lo hará en el primer grande del calendario, que le lleva a momentos estupendos, como el título de hace una década en 2009, y otros más desagradables como los abandonos o las lesiones.
Nadal, al que gracias al prolongado parón invernal le ha dado para hacer una pretemporada completa, pero que ya en el regreso ha tenido problemas físicos (se borró de Brisbane por un problema muscular en la pierna izquierda), se retiró en Melbourne el año pasado cuando luchaba en el quinto set de los cuartos de final con Marin Cilic.
También en 2010, como defensor de la corona, dejó el torneo antes de tiempo en la misma ronda (jugaba con Murray, quien comienza su cuenta atrás porque la cadera no le deja vivir sin dolor), y tanto en 2012 como en 2014 se le esfumaron sus opciones al título por culpa de los dolores.
En 2012 sufrió una rotura de fibras ante Ferrer en cuartos y en 2014 se le daba por campeón, pero un latigazo en la espalda le dejó tieso en la final ante Stan Wawrinka.
Así de cruel es Australia, el único grande que solo ha ganado una vez y que le tiene obsesionado porque está empeñado en volver a morder aquí.
Está por ver cómo le van las piernas y cómo fluye su tenis, con un cuadro bastante amable (debuta ante James Duckworth) para superar la primera semana y rodarse con vistas a lo serio.
No se pueden tomar como referencia las exhibiciones de Abu Dabi y Sidney (perdió contra Anderson y contra Kyrgios), pero lo que está claro es que nadie le descarta, pues para algo es Nadal.
«Evidentemente me falta ritmo de competición, pero las sensaciones no son malas.
A pesar de que me sienta bien, luego hay que competir.
Tendré que ir día a día», resume el balear.
Inmerso en una regeneración permanente, en la cita de Melbourne Nadal estrenará un nuevo saque, el primero en asumir que debe hacer más daño a sus rivales con ese golpe.
«Siempre habíamos tenido la sensación de que la pelota de Rafa iba rápida en el saque, pero al botar se frenaba un poco.
Ahora, con un movimiento más fluido, perseguimos que la pelota bote y no pierda toda esa velocidad.
Buscamos que haga más daño y que la bola le vaya un poco más rápida», explicaba Carlos Moyá a ATP.
Menor flexión ¿En qué se diferencia, pues, este saque del anterior? Francis Roig desvela el mecanismo, que se fundamenta en tres pilares: «El primero, que cuando empieza a ejecutar el swing lleva la mano más rato por abajo, en lugar de levantarla lateralmente.
El segundo, que en el momento de lanzar la pelota al aire no hace tanta flexión, aguanta mucho más el cuerpo arriba, bien erguido, en lugar de sentarse porque así pierde dinamismo.
Y el tercero, que entra bien con la pierna derecha dentro de la pista tras caer».
Y así se planta Nadal en Melbourne, cargado de incógnitas propia de la inactividad y de certezas que se ha ganado a pulso por ser quien es.
Asusta Djokovic, Roger Federer ya ha demostrado su fiabilidad en las antípodas con los dos últimos títulos y Alexander Zverev es lo más seguro de lo que viene por detrás, sin olvidar el factor sorpresa de este torneo.
Empieza el baile.

Read more in ABC

Related Videos





Provider

ABC, Madrid, Madrid, España